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Padres y madres con cerebro de reptil.

Las personas necesitamos desarrollarnos como seres humanos, y los padres y madres del S.XXI, necesitan encontrar el equilibrio entre su vida profesional y personal; y ejercer su parentalidad sin sentirse juzgados, y sin plantearse si son malos padres. ¿Cómo lo hacemos con un cerebro de reptil?

Somos hijos y nietos, de generaciones que se han enfrentado a muchas ideas preconcebidas sobre el papel de la madre y el padre dentro de los procesos de crianza. Y esto, innegablemente, ha llegado hasta nosotros de una forma inconsciente. Hemos visto como nuestras abuelas ejercían exclusivamente, tareas del hogar, y como nuestras madres fueron las primeras que intentaron encontrar el equilibrio entre su maternidad y su faceta profesional.

Hemos tenido padres que trabajaban de sol a sol, y abuelos que no sabían a penas cambiar un pañal.

Todas estas circunstancias, y algunas más, metidas en una coctelera que ya está preparada y programada desde que nacemos. Y esa coctelera es nuestro cerebro.

Hoy voy a hablarte concretamente de una parte muy importante del cerebro, para que puedas comprender cómo tomamos decisiones mediatizadas por información que ya estaba ahí antes de que existiéramos. 

Somos padres y madres con cerebro de reptil.

Tenemos un cerebro, que se divide en tres en realidad: cerebro reptiliano, sistema límbico y neocortex, pero voy a hablarte concretamente del reptiliano.

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Seguramente ya has oído hablar de él. Existen muchos mito e ideas sobre su existencia, unas relacionadas con nuestros antepasados los reptiles y otras que ni si quiera creen que su origen sea una herencia reptiliana.

Este cerebro, que tiene una forma curiosa, está compuesto por los ganglios basales, el tronco encefálico y el cerebelo, y son las estructuras más básicas dentro del conjunto del cerebro. Su función es la de controlar comportamientos instintivos y se centra, sobre todo, en conductas para la supervivencia, porque el objetivo de nuestro cerebro es que sobrevivamos. Ni más ni menos. Tu cerebro no busca que seas feliz, busca que sigas vivi@.

Dentro de esos instintos, se encuentran, la agresividad, el sentido de territorialidad, la dominación sobre otras especies y los ritos y tradiciones. La perpetuidad de la especie a través de los ritos tradiciones.

Además de todo eso, en el cerebro reptil se encuentran las memorias ancestrales, todas aquellas experiencias que nuestros antepasados han vivido; traumas y situaciones de peligro que han quedado grabadas como pequeñas señales de alarma, que ponen en marcha respuestas automáticas que nos ayudan a sobrevivir en un mundo lleno de amenazas. 

Además, se encarga de las funciones autonómicas o viscerales como la respiración, el latido cardíaco o actividad vasomotora.

El cerebro reptiliano, es el mayor fan de tu “zona de confort”, o como yo llamo, “zona de NO acción”. La zona segura que no implica peligro ni amenazas para él.

Así que con todos esos pequeños programas ya preinstalados en nuestro cerebro reptiliano, sabiendo que hace fielmente lo que le indican sus ancestros para mantenerse a salvo a él y a la especie, a través de los ritos y tradiciones, y además sabiendo que hasta los 7 años de edad absorbemos de forma inconsciente todos los valores y creencias de nuestros padres, te pregunto. ¿Estás ejerciendo tu parentalidad de forma consciente? ¿Educas a tus hijos como quieres o como quiere la sociedad? ¿Cuánto espacio en esa parentalidad hay para ti?

Por si aún no sabes que responder, te dejaré un dato. Sólo el 5% de las decisiones que tomas, son meditadas y elegidas por ti, el 95% restante las toma el cerebro por ti. Por eso somos padres y madres con cerebro de reptil.

Como buena noticia, te diré que tienes un neocortex que nos permite experimentar nuestra vida emocional (pasando a través del sistema límbico) de una forma consciente y emancipada. 

En una situación normal, recibimos información que llega hasta el neocortex, pasa por el sistema límbico que es evaluado por sus diversos elementos (más adelante te hablaré de él), y finalmente pasa al cerebro reptiliano, procesada esa información por las capas superiores. Pero cuando nuestro cerebro observa una posible amenaza, que ya está instalada dentro de él, por ejemplo, un manotazo de tu hijo, para tu cerebro puede significar “enemigo”, porque tú, o un antepasado, hayáis sufrido algún tipo de episodios de violencia. Así que la información pasa rápidamente a las capas más atávicas del sistema nervioso. Y aquí, solo hay respuestas automáticas: lucha, huida, congelación, disociación. Y aquí es cuando gritas, sales corriendo o das un cachete a tu hijo. 

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Nadie nos habla de cómo funciona nuestro cerebro con el objetivo de que aprendamos a convivir con él, a conocerlo. Nadie nos dice que esas respuestas automáticas que te incomodan, y que no sabes de dónde viene, puedes aprender a gestionarlas y controlarlas.

El cerebro se puede reprogramar.

Puedes cambiar todos esos pequeños archivos que ya estaban ahí escondidos cuando naciste, puedes cambiar los que has generado a lo largo de la vida y los que no pudiste escoger en tu infancia.

Tienes el poder de elegir lo que pensar, sentir y ser.

Y ese poder te lo otorga iniciar un viaje hacia lo más profundo, conociéndote y aceptándote, cambiando lo que desees y generando lo que anheles. Saliendo de la “zona de NO acción” a través de la programación neurolingüística y el coaching, en un proceso de desarrollo personal que te lleve a conectar con tus necesidades, y encontrar el equilibrio que tanto ansias entre tu parentalidad, y tu esencia como ser. 

Para que no vuelvas a sentir que ya no sabes quién eres desde que tu hij@ ha venido al mundo, ni que te sientes mala madre por querer tener una carrera profesional, o salir a cenar con tu pareja. 

Quien inventó la frase de que lo primero en tu vida iban a ser tus hijos, se olvidó del equilibrio emocional, de las necesidades como ser humano, de los sueños y las libertades.

Déjame hacerte una pregunta, realmente si no estamos en armonía y equilibrio, ¿podemos acompañar a nuestros hijos? Yo te respondería que sí, pero en piloto automático repitiendo patrones inconscientes que elige solo tu CEREBRO. Podremos acompañarlos en su crecimiento personal cuando nosotros hemos realizado ese viaje previamente, y hemos superado las dificultades que ello conlleva.

Aquí, y AHORA ¿estás dispuest@ a seguir viviendo en piloto automático? Te advierto que, dejar de hacerlo es como si te despertaras una mañana en un paraíso que jamás habrías podido imaginarte.

Dejemos de ser padres y madres con cerebro reptil.

María Alda.

Coaching con PNL y Neuropsicología

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